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Los Lego, más que un juguete

Estoy con olga

Sigo sorprendiéndome cada otoño con los dramas y llantos de los niños  por la adaptación a la educación infantil.

Nos dan clases de preparación al parto, de gimnasia post parto, de alimentación infantil, pero no de cómo preparar a los bebes ante los cambios. Hoy quisiera compartir con vosotros mi método particular.

Cuando mi hija mayor tuvo 18 meses, empecé la colección de piezas LEGO para niños de 3 años, es decir, las grandes.

Fui comprando todo lo cotidiano… el sofá, el vater, la cama, el carrito de un bebe y por supuesto, muchas figuras humanas, abuelos, adultos y niños…

Cada figura se convirtió en uno de los personajes de la vida cotidiana de mi hija, la abuela, la prima, la portera etc, y cada objeto también era reconocible.

A los niños les encanta escuchar historias y si éstas historias tienen movimiento físico, mejor. Me pase tiempo representando con los muñecos cosas del día a día que vivía. “Suena el timbre y es que llega el papa, vamos corriendo a abrir la puerta… y nos preparamos para la bañera, en la bañera jugamos con el agua y cantamos la canción que relata el orden de frotarnos. (inventada también por mi)… nos ponemos el pijamita y vamos a cenar, etc. La intención era que ella reconociese en ese teatrillo “realidad”

La segunda intención es que yo pudiese proyectar en el teatro de piezas lego“sucesos futuros” y que ella internalizase como sugestión la forma de vivirlos, y perdiese además, la angustia a lo desconocido, puesto que el final del suceso, le era reconocible por el juego.

El escenario que más me preocupaba era mi nuevo embarazo, mitigar el sentimiento de “princesa destronada”, otrogarle un rol de “propietaria de su hermana”, y anticiparle los sucesos del parto y los cambios de la casa. Nada le gustaba más que tumbarnos en su alfombra a mover esas figuritas con identidad. La mama, que estaba ya muy gorda, escuchaba a su hermanita empezara a gritar dentro de la barriga. !quiero salir, quiero salir ya, a conocer a mis papas y a mi hermana!,…  se va a ver a un médico y la niña a casa de sus primas. A la niña se le haría largooo, largo no ver a su mama, pero en dos noches aparecería con SU hermanita a buscarla para volver a la casa y allí…..

Oírlo, no vale a esa edad. Verlo si.  Saber cómo van a ser las cosas, les da seguridad.

Nació la pequeña y se la entregué en los brazos según llegué a casa, dándosela como suya, ¡Toma a TU hermana!. Nunca tuvo celos, al contrario, era SU propiedad ya conocida por los juegos.

La mayor crecía y cada vez participaba más inventando historias con los Lego. Aquello funcionaba y fui a por mi segundo objetivo: la entrada en el cole con 30 meses.

Le narré mil historias de lo que iba a pasar ese día, de lo que pasaría dentro de las puertas del cole, de lo divertidos que eran los niños dentro y de las muchas canciones que se iban a cantar allí. Es decir “le sugestioné un sentimiento de disfrute en el centro”  y la seguridad de que se quedaría ella sola disfrutando pero que volveríamos a por ella.

Dicho día fue realmente sorprendente, llegamos a las puertas de colegio y muchos niños lloraban. Mi hija Elena tenía ganas de entrar, llena de promesas de pasarlo bien y empezó a decir a otros niños, ¡Ven es muy divertido aquí dentro!

Siempre hay una forma para que el niño se sienta seguro, sólo hay que echarle creatividad.

@emerayoc

Imágenes: por Pinpapollo,  tiberium_blue Dani Teruel

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Escrito por Elena Merayo Cuesta

www.elenamerayo.com